Empieza con tres respiraciones profundas, notando el aire que entra y sale por la nariz. Observa el color y aroma del bocado. Mastica lento, contando hasta veinte, reconociendo texturas y temperatura. Deja el teléfono a un lado y permite que tu mente descanse.
Pon un temporizador breve, apaga la vista de la bandeja de entrada y elige una porción pequeña, del tamaño de tu palma. Pregunta a tu cuerpo qué necesita realmente, del hambre al antojo. Al sonar, cierra con gracia y retoma tu prioridad principal.
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